Desgraciadamente, hoy es el último día que emite Fly Music, un canal musical de televisión que no pudo ser. Ya hace unos meses, cuando se anunció su cancelación, les dediqué un hilo, pero ahora que se acaba realmente, quiero dedicarles este otro.
Fueron fieles a no programar productos ultracomerciales y apostaron por indagar en las entrañas de la música, descubrir nuevos grupos, sonidos y tendencias. No acertaron siempre (era imposible) y a veces se permitían alguna concesión (lo que no está mal, todo es música). Pero está claro que era un lujo en el panorama cultural español.
En mi opinión echaba un poquito en falta algo más de rock y sonidos no tan innovadores, pero estaba bien, si programasen sólo lo que me gusta me aburriría soberanamente, así que su hueco lo sentiré con intensidad.
No deja de ser irónico que un canal tan apartado de los carriles trillados sea sustituido por uno que es todo lo contrario. No dudo que muchos niños (y padres) estarán muy contentos de poder ver gratis Disney Channel, pero sinceramente, Disney ya no es lo que era. Ahora es el epítome de lo políticamente correcto, de la la cobardía a la hora de innovar, de sorprender con nuevas historias. Sólo historias felices. ¿Qué será de esos niños cuando vean que no les sale todo bien y se comparen lastimosamente con sus héroes? En la Disney de hoy, la madre de Bamby jamás moriría y Tod y Toby nunca se pelearían. Y jamás de los jamases se haría una película con tantos estereotipos y con tantas ambigüedades como Los tres caballeros (y sin embargo, tan divertida).
Pero me alejo del tema. Repito. En estos momentos finaliza Fly Music. Les deseo un retorno, sea en Internet, en una plataforma digital o en alguna otra fórmula que ahora ni se me podría pasar por la cabeza.
Dos vídeos para homenajear al canal. El primero, una canción de Peter Von Poehl, The Story Of The Impossible, que descubrí viéndolo. El título del tema les viene al pelo y además, refleja muy bien el espíritu de la cadena.
Y el segundo, el que ellos mismos eligieron para despedirse, con intención. El último número 1 de su lista de éxitos. La magnífica Going On de Gnarls Barley.
Gracias por todo y que os vaya a todos bonito. Hasta pronto. Lo mejor.
Ártabro
P.S. Escucha recomendada: Para no olvidar de Los Rodríguez
Este es un blog musical, así que supongo que la única forma de encajar la victoria de España en la Eurocopa en esta bitácora es haciendo un repaso a canciones de victoria, ¿verdad?
Primero, la típica y tópica, el We Are The Champions de Queen:
Muy usada, sobre todo por mujeres, es el himno de Tina Turner, Simply The Best.
Aunque lo que se dice es que se vencerá (vincerò), el Nessun Dorma de la ópera Turandot es un himno de victoria sin paliativos. Pavarotti la interpreta aquí en toda su gloria.
Y ahora, la mía personal, la canción que uso cuando he triunfado en algo. Sergio Makaroff y su infravaloradísimo (irónicamente) Master Of The Universe. Evidentemente, siendo una buena canción española, haber pedido que hubiese vídeo sería demasiado.
Para terminar, una curiosidad, relacionada con la victoria futbolística de esta noche, pero no una himno de victoria, sino de aliento. La última vez que se supo algo de un buen grupo de “la movida”, La Frontera, fue con la canción No vuelvas sin ella, que era el tema elegido para acompañar a la selección española en una pasada Eurocopa, la del 2000. La canción no vale muchas perras, era un tema de encargo, pero aquí la dejo, como rareza que es (y en la que se convertirá cada vez más).
Yo no soy nada futbolero, he de confesar, pero la honrilla de España y el hecho de que esto ha hecho feliz a mucha gente se merece un hilo. Por cierto, me gustaría saber cuáles son vuestras canciones de victoria, así que, si queréis, no os cortéis y compartidlas.
Saludetes y felicidades a los campeones.
Ártabro
P.S. Escucha recomendada: A Rianxeira decualquier afición sana que celebre algo.
Creo que el título del hilo lo dice todo, así que no me extenderé mucho.
Hay en el mundo de la música un puñado de canciones míticas, que generación tras generación marcan a quienes las escuchan por primera vez. Esas canciones son como un camino a Damasco, convierten a escépticos del rock, provocan juramentos de fidelidad al espíritu que las anima, crean un recuerdo instantáneo. Free Bird es una de ellas. Todavía recuerdo lo que hacía la primera vez que la oí y la locura que experimenté. Todo en ella es grande, la letra, la melodía y, sobre todo, la progresión que la lleva a un clímax de cinco minutos de solos de guitarra espectaculares que remedan el vuelo de una paloma volando libre en un cielo despejado, cada vez más alto y más rápido.
Sí, sé que esta es la sección de rarezas y sé que Free Bird no es precisamente una desconocida. Pero lo que es una rareza y una preciosidad es esta versión en directo, de un concierto de la banda el 4 de julio de 1977 en Oakland, apenas unos meses antes de que un desgraciado accidente de aviación se llevase la vida de varios miembros de la banda de rock sureño. La voz de Ronnie Van Zant suena apasionada, convincente y cercana, pero con una escalofriante sensación ominosa subyacente. Tal vez esto último se deba a que sabemos ahora lo que le iba a pasar dentro de muy poco. No obstante, esa sombra planea realmente por toda la canción. Basta mirar su letra de despedida que empieza con «If I should live here tomorrow, will you still remember me?», hecha como homenaje a la memoria del malogrado Duane Allman, miembro de la otra gran banda sureña The Allman Brothers Band. Sin saberlo, en realidad habían escrito y estaban interpretando su propio réquiem.
Enlazando con el tema del anterior post, viendo este vídeo, reto a cualquiera que se atreva a decirme que esta canción se hizo pensando en ganar dinero. Los artistas de verdad, cuando crean, no piensan en dinero ni en ganar dinero con su arte. Y reto a cualquiera a que me diga que no existirá siempre gente dispuesta a reconocer y retribuir a los artistas por bestialidades como ésta.
Nada más, os dejo con Lynyrd Skynyrd y su Free Bird, con las guitarras más plenas de vida de los 70. Lástima (¡y qué m**rd*!) que el vídeo acabe justo cuando estaban a punto de rematar el tema, aunque sí ya habían tocado «la parte española», como la denomino yo por su sonido medio pasodoble, medio bolero.
Saludetes
Ártabro
P.S. Escucha recomendada: Midnight Rider de The Allman Brothers Band
El otro día fui a una gran tienda del centro de Madrid a comprar un DVD para regalar a unos amigos. Cuando pagué, el cajero me alargó un librito blanco y me dijo «Toma. Un regalo». Eché un vistazo rápido al título y me temí lo peor: «La gratuidad es el robo».
Evidentemente, se trataba de una diatriba en contra del intercambio gratuito de archivos a través de las redes P2P. Afirmaba que dicho intercambio estaba minando la cultura, que con ello al final la cultura se empobrecería, se haría cada vez más vulgar y homogénea, hasta que al final desaparecería. El argumento es que los autores, al no ver su trabajo recompensado, dejarían de crear. Las empresas editoras, por su parte, arruinadas, no podrían sacar fondos para buscar nuevos talentos, formarlos y hacer de ellos grandes artistas. También mencionaba que con ello se favorecía la invasión definitiva de la cultura norteamericana, pues al ser la industria más grande y potente, podría resistir más que los independientes o las pequeñas industrias europeas. En fin, un desastre sin paliativos que, poco a más o menos, es lo que Nostradamus había vaticinado en sus profecías.
Según él, la gran explosión de la cultura se dio en el siglo XIX y se debió a la convergencia de adelantos económicos (creación de las clases medias), tecnológicos (invención de soportes más o menos baratos para la cultura como los libros de bolsillo, gramófonos, cines,…) y legales (creación y protección jurídica de los derechos de autor). Antes de los derechos de autor, éstos debían sobrevivir gracias al mecenazgo de algún príncipe, obispo, duque u otro tipo de noble o gran riqueza. Bueno, lo del mecenazgo fue en gran parte es así, pero lo que no es tan cierto es que debido a la aparición de los derechos de autor se produjese esa explosión cultural (sí por los otros factores). Muchos grandes nombres de la música, de la literatura, de la pintura, los clásicos, vaya, vivieron en dichas condiciones, no creo que se pueda decir que la música o la literatura del XIX es superior a la del XVII o XVIII gracias a los derechos de autor, de modo que los resultados del mecenazgo no fueron tan malos para la cultura (cosa que no se puede decir siempre en la actualidad, cuando algunos artistas viven de encargos y subvenciones de instituciones a las que cuelan verdaderos disparates, pero como el dinero es público y ambas partes están encantadas de haberse conocido, no pasa nada).
El autor del libro bendice al mercado, que ha sido el que ha permitido que los artistas se independizasen de mecenazgos y pasen a depender directamente del gran público. Por contra, el pseudoanarquismo de las libres descargas, lo que hace es cargarse a la cultura e desfavorecer a los autores.
No estoy de acuerdo. Primero, porque creo que la situación actual responde a una situación de economía de mercado. No es tanto pseudoanarquismo como cambio en el valor que la gente da a ese bien. Durante muchos años, la industria ha impuesto, sin regateos de ningún tipo, el precio del bien (disco, libro, película,…). Además, los intentos de timo proliferaron para sangrar al pobre consumidor (discos mediocres con una canción buena y el resto de relleno, recopilaciones donde faltan un par de canciones muy conocidas que vienen en el segundo volumen del recopilatorio, con una cantidad de morralla indecente,…), sin contar con los trucos de cambiar el formato para que la gente tenga que volver a comprarse lo que ya tenía (así pasó con el tránsito del vinilo o la cinta al CD y lo intentarán ahora con el Blue-Ray respecto al DVD). Da gracia que diga que la industria ha favorecido la cultura y su diversidad cuando el objetivo de ésta siempre ha sido homogeneizar el producto lo máximo posible para que llegue a una audiencia lo más amplia posible, pero en fin, dejémoslo estar. Y además está la cuestión de la distribución. Gran cantidad de discos y artistas no han llegado nunca a España o lo han hecho fatal, sin ninguna promoción y sólo cuando la demanda apretaba. Esto por no hablar de los robos de la industria a los artistas. Así, el mercado no ha funcionado nada bien en este tipo de productos (y menos tras la desaparición del sencillo) y el público ha dicho basta. Entre un disco a 20 €, cuyo contenido no me dejas probar y con un mecanismo antipirateo que me impide oírlo en varios aparatos reproductores, y una descarga gratuita universalmente compatible, haría falta ser tonto como para no bajarse el disco. El intercambio se produce por la gran disparidad entre lo que el público está dispuesto a dar y lo que lo industria ofrece. No es que la gente no quiera pagar por la música, lo que quiere es más música por una misma cantidad de dinero (han caído los precios de los televisores, reproductores de DVD, equipos de música,… pero no el de los discos, cosa que la gente no comprende). Estoy seguro de que si los discos fuesen más baratos y éstos tuvieran calidad, el intercambio de ficheros bajaría estruendosamente.
Porque, que no engañen, el autor creará, aunque no se le pague. El acto creativo está en los genes del ser humano y se manifestará aunque no obtenga retribución. Por ejemplo, gran parte de la obra cultural de la movida madrileña se hizo sin apoyo de ninguna industria, completamente al margen del mercado y sin pensar en el dinero que podrían ganar. Quizás con esta situación, el acto creativo sea incluso más puro, pues no buscará el enriquecimiento, al no poderlo conseguir. Sin embargo, a pesar de lo que digan, el autor será recompensado por su trabajo, porque también está en los genes del ser humano reconocer la belleza y recompensarla. Esta retribución, sin embargo, será en un futuro de forma mucho más directa que hasta ahora, sin intermediarios (los músicos con conciertos por ejemplo).
Por otro lado, habla que el intercambio de archivos va en contra de la cultura, pero no menciona un gran efecto positivo. Ahora es mucho más fácil estar enterado de lo que pasa y de lo que hacen (y lo que hicieron) otros artistas. Toda eso ayuda muchísimo en la formación de artistas. De hecho, desde que hay descargas, según mi impresión estoy oyendo y están saliendo cosas muy buenas, aumentando la calidad respecto a la época anterior.
El autor del libro tiene tan en mente su objetivo de criticar las descargas que incurre en varias contradicciones y llega a meterse en camisas de once varas. Así, aunque elogia el mercado, y dice que es el mejor sistema, aboga por las legislaciones proteccionistas como la francesa que, para salvaguardar su excepcionalidad cultural, restringe las horas de música extranjera en las emisoras de radio, la emisión de programas extranjeros en sus televisiones y las pantallas dedicadas a películas no francesas. Todo esto, auxiliado con un mecanismo de financiación en base a tasas que salen de la venta de entradas de cine y de cuotas de abono de las televisiones por cable.
No se puede decir que lo mejor es el libre mercado y luego defender cláusulas tan proteccionistas. Afirma que han surtido efecto y alardea que el 4 de los 10 discos más vendidos son franceses. Bueno, eso no es nada, en España, esta misma semana, los 10 más vendidos, repito, los 10, eran en español (y sin necesidad de esa regulación en emisoras de radio). Y claro, si en la mitad de las salas de cine se han de proyectar películas francesas, lo que se ha propiciado es la aparición de un género de películas francesas para llenarlas, la calidad es otra cosa. En todo caso, la influencia de la cultura francesa en el resto del mundo (o de Europa) es ahora mucho menor que en los 60 o incluso que en los 80, de modo que el éxito de dicha legislación quizás sea pírrico.
Otro jardín en el que se mete el autor del libro es decir que Internet sí ha proporcionado una colaboración positiva contrapuesta a esa colaboración negativa que son las redes de intercambio de archivos P2P. Pone como ejemplos Youtube y la Wikipedia. No sé si el autor no sabe o lo obvia, pero Youtube tiene muchos problemas con muchas compañías por temas de derechos de autor. Y en cuanto a la Wikipedia, ¿no podrían los editores de enciclopedias acusarla de competencia desleal, porque, después de todo, los colaboradores de esta página añaden sus conocimientos a la misma tras consultar enciclopedias o libros que ellos editan? La Wikipedia les está arruinando.
Pero quizás la mayor metedura de pata es que alaba y justifica que las compañías de televisión francesa estén obligadas por ley a destinar una parte de sus ingresos a financiar obras audiovisuales francesas. Después de todo, según dice, las televisiones obtienen ingresos (publicitarios o abonados) gracias a la difusión de dichas obras audiovisuales. Llama al mecanismo «ingenioso». Sí, quizás sea ingenioso, pero yo añadiría que incompleto. ¿Por qué sólo las televisiones? Las grandes tiendas que venden CD y películas también obtienen sus ingresos y beneficios de la venta de esta obras. Entonces ¿no sería lógico que ellas también contribuyesen por ley a financiar las mismas? Sin embargo, no sé por qué, pero no creo que el autor estuviese de acuerdo conmigo. Tal vez por ser el presidente de esa compañía internacional de tiendas de discos, DVD, libros y aparatos tecnológicos.
En definitiva, el libro me pareció claramente maniqueista, muy sesgado porque su autor no es, ni puede serlo, imparcial y poco brillante en sus soluciones (apretar las tuercas a las operadoras proveedoras de Internet para evitar que sus clientes usen las redes P2P, cosa que parece que van a llevar a cabo en Francia mediante una nueva legislación al respecto). Ha soslayado los efectos positivos de estas redes, y ha magnificado las consecuencias de su uso. No aprecia que lo único que sucede es que las reglas del juego van a cambiar y que esos cambios serán el fin de un modelo que se resiste a morir, y se niega a adaptarse, y del que el autor forma parte. Este libro forma parte de su lucha, pero incluso en esto son torpes, me han cabreado. Yo había comprado, ¿por qué me bombardean con esta propaganda no deseada? ¿No deberían ponerlo en la mula, donde está el público al que deberían convencer? ¿Cuánto ha costado editar este libro? ¿De dónde ha salido ese dinero? Casi seguro que de los que compran en la tienda. Pues si han pagado, no les enchufes publicidad. Hasta las televisiones de pago saben eso.
Os dejo con una canción que no tiene nada que ver, pero que descongestionará después de un hilo tan largo. La primera canción que oí en uno de los canales de audio que ofrecía el avión cuando iba a Nueva York. The Thrill Is Gone del absolutamente genial BB King.
Perdonad el hilo tan largo y saludetes
Ártabro
P.S. Escucha recomendada: Freedom de George Michael
Siento la irregularidad de los últimos posts, pero estoy bastante liado en el trabajo con… ¡bah! ¿Para qué contar miserias si puedo hacer cosas más alegres como contestaros? Siempre está bien tener respuesta de algo que has opinado, aunque sea para ponerme verde.
Dani, no me olvido de ir a visitarte. Pronto nos veremos. Espero que puedas ir a ver a Bob Dylan y, si al final no puede ser, que pronto, durante otra etapa de su Never Ending Tour te quedé todavía más cerca y podamos ir a verlo.
Judas, sinceramente, no sé, pero creo que el debería odiar al otro soy yo, jajaja. Vale que yo he estado en Nueva York, pero tus destinos tienen una pinta magnífica. Respecto a The Raconteurs comparto tu opinión. Es extraño, se dejan oír, está bien lo que hacen, pero no me termina de atrapar.
Pero ya que hablabas de Nueva York este post lo dedicaré a uno de los aspectos que más me chocan de la ciudad y que me encanta, mejor dicho, me ENCANTA. Y es la enorme proliferación de neones. Por neones me refiero a pequeños mensajes que aquí en España se suelen poner en los comercios mediante carteles de papel, cartón o mediante paneles iluminados por detrás con tubos fluorescentes. Allí no digo que no haya carteles ni paneles, pero lo que hay y lo que llama la atención son los neones, con los tubos luminosos retorcidos al aire. Si hay un cajero automático dentro del establecimiento, si sirven cafés, si incluyen en el menú una especialidad en el local, si está abierto, si nunca cierra, si venden una determinada marca de cerveza, si poseen un emblema… lo más probable es que se anuncie mediante un neón, escribiendolo en letras, dibujos estandarizados o con diseños exclusivos. Los hay de todos los colores, tamaños (aunque suelen ser del tamaño de carteles normales), formas, parpadeantes o fijos, con movimiento simulado… La sensación que producen cuando caminas por las calles, sobre todo desde que atardece, es de calidez y de refugio.
Es posible que esta sensación esté debida a varios factores: los alegres colores, las calles no muy bien iluminadas que los convierten en faros en la oscuridad y signo de que allí hay alguien… Pero no se me escapa que se pueda también deber a que los neones en España eran más populares durante mi niñez, pasando de moda después. Verlos ahora por todas partes te trae recuerdos inconscientes de tiempos mejores por ser más despreocupados, y añaden todavía más decadentismo a una ciudad que por un lado parece a punto de caerse a pedazos y por otro devora su pasado y reinventa su futuro. Y ese es otro motivo por el que me gustan los neones. Allá donde están suele haber un comercio tradicional que no ha sucumbido a la homogeneización de las ciudades en los últimos años. Ya casi da igual si paseas por Londres, Madrid o Colonia, todo es igual. Pero Nueva York…n unca he visto una ciudad con tanto empuje y con tanto anclaje en el pasado al mismo tiempo. Eso es Nueva York, un diner con aspecto de los años 50 al lado de un restaurante salido de una película de gangsters y un poco más allá, una franquicia de Victoria Secret. Una millonaria cogiendo un taxi que acaba de dejar una pareja de novios en su primera cita. Pobres pidiendo un cuarto de dólar en la Quinta Avenida.
Como muestra de neones, esta fotografía que saqué por otro motivo (el abigarramiento de mensajes, muy neoyorquino).
Y como este es un blog de música, una canción sobre neones, pero no Corazón de Neón, que sería la socorrida, sino Neon Lights de Kraftwerk de su álbum de 1978 The Man-Machine.
Saludetes
Ártabro
P.S. Escucha recomendada: Corazón de Neón de La Orquesta Mondragón