Hola a todos:
Estos días, sin saber muy bien el motivo, un estado de nostalgia, de melancolía ha caído sobre mí. Es muy posible que sea el tiempo, las fiestas que provocan que todo esté cerrado, la sensación de que otro año va a acabar y no he conseguido hacer muchas cosas de las que pensaba hacer… Y lo malo es que si miro atrás, recuerdo tiempos (meteorológicos y dimensionales) más alegres, con lo que el contraste con estos momentos se hace más acerbo. Supongo que es lo que Joan Manuel Serrat llamaría Aquellas pequeñas cosas.
Pero bueno, supongo que volverá a lucir el sol el día menos pensado y comenzaré a acumular nuevos recuerdos para las estaciones brumosas del futuro.
Aún así, este mirar atrás me trajo un recuerdo específico del que quise hablar hace unos meses y que, sin embargo, se quedó sin su hilo en la bitácora porque no encajaba del todo con la música, aparecieron otros temas y, sobre todo, porque mi memoria olvidó apuntarlo como posible tema.
Este verano, cuando fui a visitar a un amigo en el noroeste y al que tengo como una eminencia en música rock de los 70 (entre otras cosas), el autobús en el que iba se salió de la autovía y comenzó a transitar por pueblos que habían quedado ahora fuera de la ruta principal. El crepúsculo era ya casi total y apenas se discernían las siluetas de los objetos (vamos, lo que en gallego llaman el luscofusco).
El autobús cruzaba un pequeño pueblo que creció a lo largo de la nacional, todavía con algunas casas de adobe. Algunas farolas de luz ámbar iluminaban de vez en cuando la travesía. Ni un alma en las calles, apenas luces dentro de las casas. De repente, una señora muy mayor, en la calle, a unos cinco metros de la entrada de su casa (la puerta abierta, con la luz del recibidor encendida), al borde de la carretera miraba la carretera donde no circulaban más vehículos que el nuestro. Parecía una Penélope abandonada en el medio de la meseta castellana, rememorando un pasado en el que el pueblo tenía vida, se veía gente por las calles y lamentaban que la nacional cruzase el pueblo porque partía el pueblo en dos.
Tantos pueblos se están quedando así, al margen de la autovía, del futuro, languideciendo, viendo como poco a poco menos coches, menos vida de fuera, puede tener algún interés, algún motivo para detenerse en ellos.
Yo soy urbanita y no podría vivir en un pueblo. Tal vez en el futuro sea diferente, pero no ahora. Sin embargo, sé que los pueblos, su forma de vida, sus costumbres, su sabiduría y sus errores, son esenciales en nuestra sociedad. Necesitamos tener pueblos sostenibles, que den vida al campo, que nos enseñen que otra forma de vivir es posible y a veces, deseable.
¿Qué tiene esto que ver con la música? Solamente una cosa. Me hizo recordar instantáneamente una canción. A veces pasa, ya lo sabéis. Algunos lo llaman ventana, yo lo llamo asociación imagen-canción, porque, en este caso, no hay recuerdo que justifique que me viniera a la mente dicho tema.
La canción es Home de Sheryl Crow. Probablemente una de sus canciones más extrañas e interesantes.
Saludetes y perdón por este hilo tan extraño
Ártabro
P.S. Escucha recomendada: 20 de abril de Celtas Cortos
1 respuesta hasta el momento ↓
canceleiro // 10 Diciembre, 2008 a 16:42 |
Artabro, te ha quedado de lo más poético
La variedad de registros de posts se va ampliando