Hola a todos:
Durante estos días he leído unos cuantos artículos de Diego A. Manrique sobre la delicada salud de la industria musical y el futuro incierto que le espera. Podéis guglearlos.
El primero, llamado «Tan listos, tan rencorosos», afirma, después de lamentarse del cierre de varias tiendas de discos míticas, que la industria se ha llegado a enemistar tanto con los consumidores de música que gran parte de ellos celebran las malas noticias que le acontecen. Reprocha la inconsciencia de estos amantes de la música al pensar que la música brota «como las setas, sin necesidad de abono monetario. Para ellos, la industria es un dinosario que no supo adaptarse a las nuevas tecnologías y se merece todas sus desdichas». Finaliza diciendo que la industria se mantiene “subvencionada” por los pocos que siguen comprando discos.
El segundo artículo, a su vez, intitulado «El Waterloo de la industria musical», lo firmó dos días después. En él se habla de una reunión que en 2000 mantuvieron las grandes discográficas con Napster. Este portal de Internet estaba teniendo un crecimiento espectacular y se examinó la posibilidad de repartirse el pastel de las descargas musicales que ofrecía entre Napster y la industria. Era el momento óptimo, pues la gente aún no se había acostumbrado a descargar música gratis y estaba dispuesta a pagar una subscripción por poderlo hacer. Pero el encuentro fue un fracaso. Napster quería ir a pachas y las discográficas querían el 90%. El desacuerdo llevó a una guerra judicial, pero, en el interín, la gente se acostumbró a no pagar, de modo que tras el fin de Napster vino Audiogalaxy y después mil y mula otras.
¿No está contradiciéndose Manrique entre ambos artículos? Parece claro que el apetito desmesurado de las discográficas, que no comprendían la trascendencia de Napster y las descargas por Internet, provocó que se subieran tardísimo al tren, tanto que ni siquiera actualmente ellas controlan el principal sitio de descarga legal de canciones.
En mi opinión es evidente que la industria no se supo adaptar a las nuevas tecnologías, pero esto no hubiera sido un problema demasiado grande si no se hubiese enemistado previamente con sus consumidores. Porque no hay que olvidar lo mal que fue tratado y lo bien que fue exprimido el consumidor durante muchos años. Primero con el cambio de formatos, márgenes comerciales excesivos, artistas prefabricados, discos mediocres vendidos como revolucionarios y que en realidad eran el sencillo de lanzamiento y 9 canciones de relleno, cobardía artística impuesta a los que querían innovar y experimentar… No es de extrañar que los consumidores andaran mosca y prefirieran catar antes de comprar en esos años bisagra entre los dos milenios. Eso fue parte del triunfo de Napster, les permitía “catar”. Cuando luego, encima, la industria empezó a llamar ladrones a su demanda, no es de extrañar que estos rompieran definitivamente con las discográficas y se desentendieran de las dificultades que les sobrevinieran. Lo peor es que la industria sigue sin tratar realmente de reconciliarse con sus consumidores.
Otro de los motivos que contribuyeron a crear ese divorcio fue, como se dice en el segundo artículo, los años de vacas gordas que tuvieron las discográficas en los 80 y 90 y que trajeron consigo contratos multimillonarios para grandes estrellas, exhibiciones de poderío económico y de derroches excesivos. Las estrellas se alejaron todavía más de sus fans, de modo que la identificación con ellas menguó.
Se hicieron verdaderos disparates de mercadotecnia en aquellos años. Despilfarros impúdicos de dinero, incluso en momentos en los que la austeridad hubiese sido conveniente. Un ejemplo perfecto fue El Bosco. Haceos a la idea. 1995, más del 20% de paro en España en ese momento, peligro con las pensiones, recortes sociales,… y sale a la venta el disco Angelis. El Bosco se montó al rebufo de una moda de música tipo espiritual que azotó Europa por aquella época (Enigma, Voces búlgaras, Monjes de Silos,…). Detrás del tinglado estaban tres productores famosos: Julián Ruiz, Javier Losada y… Luis Cobos. Fue un pelotazo, se vendieron centenares de miles de discos, en buena parte gracias al sencillo de lanzamiento, Nirvana.
Síí, es el Canon de Pachelbel… y el All Together Now de The Farm. Tan obvio era que hasta yo me di cuenta del plagio (aunque no se planteó demanda, que yo sepa). En fin, la cuestión es que, en ese entorno económico de crisis no se le ocurrió otra cosa a la discográfica que presentar el disco a la prensa que fletar un avión para que oyeran el disco en las nubes…
Cosas así hacen que me alegre de que dicha industria se vea obligada a bajar de las nubes y desear que se ponga a ofrecer productos por los que los consumidores estén dispuestos a comprar. Creo que todavía es posible y algo he visto, pero tan tímido que puede que, por última vez, estén llegando demasiado tarde.
Os dejo con la versión “original” del tema (no Pachelbel, sino a The Farm).
Saludetes
Ártabro
P.S. Escucha recomendada: Mea culpa de Enigma