Exiled from CBGB

Entradas clasificadas como ‘Personal’

It was 20 years ago today

9 Noviembre, 2009 · Dejar un comentario

Hola a todos:

Sé que todo el mundo está hablando hoy de esto y es posible que estéis cansados de la noticia sobre el 20º aniversario de la caída del muro de Berlín, pero, me temo que hoy dedicaré este post a algo relacionado musicalmente con este evento.

Y es que soy un gran aficionado a la historia y la caída del muro me conmovió en mi más tierna adolescencia. Todavía recuerdo estar viendo avidamente ese otoño todos los telediarios, viendo como se venía abajo ese telón de acero que había dividido Europa durante casi medio siglo. También recuerdo con emoción esa noche del 9 de noviembre, cuando los berlineses orientales pudieron cruzar el muro por primera vez en total libertad desde hacía casi tres décadas.

De todo eso han pasado ya 20 años. Y ahora los medios de comunicación echan la vista atrás para recordar ese acontecimiento histórico (que tiene además el plus de que fue bueno y alegre, a diferencia de lo que suelen ser los grandes acontecimientos de la historia). En el periódico El Mundo han hecho un vídeo interesante en el que con buenas infografías explican someramente el origen, el desarrollo y el fin del muro. Y aunque bastantes factores se han quedado necesariamente fuera y muchos detalles sustanciosos ni son mencionados, es una forma para que los que no tienen ni idea de lo que fue aquello, puedan comprenderlo. El enlace para verlo está aquí. Dejad pasar unos segundos cuando cliquéis en él, pues, al menos con mi conexión, se cargaba con lentitud y se pierde un poco el ritmo por los trompicones que pegaba, cortando la banda sonora de The Wall de Pink Floyd.

 

Y aquí viene mi reflexión. ¿Por qué demonios The Wall, y más concretamente, Another Brick On The Wall, se ha convertido en la banda sonora del muro de Berlín? Roger Waters no pensaba en él cuando compuso el disco y, sí, es cierto, cuando cayó, hizo un concierto conmemorándolo con la música de The Wall, pero fue precisamente por esa asociación que no comprendo. Es como si The Sounds Of  Silence, por su título, se hubiese convertido (todavía más paradójicamente, lo reconozco) en la canción a poner cuando se quiere ilustrar los problemas de los sordos.

 

Si tuviera que elegir una canción que, en mi opinión, representara mejor el muro, sería Heroes de David Bowie. Al menos en la canción sí se hablaba del mismo y la letra se podría aplicar mejor a lo sucedido aquella noche. Pero es una batalla perdida, como la de querer separar dos mitades de una ciudad con un muro.

 

¿Qué canción consideráis más apropiada para representar esos acontecimientos? ¿Os parece apropiada The Wall?

 

Saludetes

 

Ártabro

 

P.S. Escucha recomendada: Helden de David Bowie

Categorías: Divagaciones · General · Noticias · Personal

Recomendación literaria: Kill Your Friends

13 Octubre, 2009 · Dejar un comentario

Hola a todos:

 

Hace unos días terminé por fin de leer un libro: Kill Your Friends de John Niven. Tardé bastante tiempo, porque estaba en inglés y me temo que soy demasiado concienzudo como para no buscar, después de leer unas cuantas páginas, algunas de las palabras que no comprendí. Luego las escribo y así me ayuda a recordarlas.

 

Pero basta de contaros mi vida. La razón por la que os hablo hoy de este libro es porque trata de música. Concretamente es una sátira vitriólica sobre la industria musical (especialmente la inglesa) de los 90, en los momentos cumbre del Britpop. Sus luces y… sus sombras. El protagonista, Steven Stelfox, un despiadado y despreciable A&R, verdadero desecho humano, cuyo interés en la música existe únicamente porque le permite financiar sus múltiples vicios (contabilizados hasta el último penique). Lo peor es que el libro muestra que toda la industria estaba putrefacta, funcionando a base de incompetentes a los que tan sólo se les exigía un éxito cada cierto tiempo, que se clavaban puñaladas unos a otros a la menor oportunidad pero que de puertas afuera son los mejores colegas de profesión. Fenómenos como los certámenes musicales tipo MIDEM, macrofestivales, reuniones internacionales de las compañías, conciertos en tugurios, etc quedan retratados de forma truculenta y siniestra. Ahí fue donde el libro me enganchó. Su visión de las trastiendas de las discográficas es, incluso teniendo en cuenta la mala reputación de las mismas, desmitificadora y te hace sentir feliz por la llegada de las vacas flacas para ellos. Otro gran punto fuerte es el humor cáustico que desconoce el concepto de corrección política.

 

Claro que ese también es una de sus debilidades. No importa que consideres que se trata de opiniones de un fulano miserable. A veces es tan hiriente que uno no puede evitar sentir algo de vergüenza por lo que se está leyendo y riendo. Además, la historia es bastante previsible, a veces cae en la redundancia y un par de escenas ultraviolentas dan bastante asquito.

 

Sin embargo y aunque es evidente que el autor exagera, quizás no tanto como deseáramos creer, sobre todo si vemos aquella época con la perspectiva del tiempo. Un escalofrío recorrió mi espalda cuando leí una crítica de un tipo que decía que él había vivido aquella época y reconoce algunos personajes y la mayoría de situaciones. En todo caso, siempre viene bien que alguien desacralice lo que otros se encargan de deificar como si fueran hechiceros y gurús a los que adorar. Afortunadamente, parece que, a pesar del entorno sórdido, podemos alegrarnos de que hubiera bastantes cosas buenas en la música en esos últimos años antes de la llegada de Napster.

 

Creo que el libro no está traducido al español, pero os dejo dos fragmentos del mismo. El primero es la cita de Hunter S. Thompson con la que se inicia el libro:

 

El negocio musical es una trinchera cruel y superficial llena de dinero, un largo pasillo de plástico donde los ladrones y los chulos campan a sus anchas y los hombres buenos mueren como ratas. También existe un lado negativo. 

 

Y el segundo es la presentación de una banda femenina que protagoniza algunos de los momentos más divertidos del libro.

 

Las cuatro están sentadas apelotonadas en el sofá de mi oficina, ceñudas y mascando chicle, mirando como si hubiesen sido dejadas castigadas en clase. Tres son blancas y una negra, pero las blancas actúan como cafres (se besan los dientes, chascan los dedos y dicen cosas como “¿sabes?”. Todas tienen entre 17 y 20 años, todas guapas (una de las blancas en particular, ¿Denise? ¿Sonia?, es espectacular), pero con esa pinta de p*t*s de clase trabajadora. Son bombas de tiempo genéticas, TitADNine. Cada una de ellas explotará en un monstruo el minuto en que cumplan 27. Todas visten como estas chicas visten, las tetas reventándoles por fuera de camisetas hechas para recién nacidos y pantalones de campaña de talle bajo que deja que sus tangas (rosa, negro y limón) sobresalgan muy por encima de la cintura. Quiero decir, parecen como si te fueran dejar hacerles lo que quieras;

[...]

Termina el vídeo.

-Mmm-digo-. ¿Cuáles son vuestras influencias?

Silencio. Se revuelven incómodas. Me dio cuenta de que no entienden la pregunta.

-Steven pregunta-Danny irrumpe-, que qué música os gusta.

Otra pausa colosal. ¿Jijop?-dice dudosa una morena.

-Madonna-dice la rubia.

-Bien-asiento-. Bien.

 

Si veis el libro, echadle un vistazo. Cuesta cuatro duros y tal vez os haga reír un rato (aunque al mismo tiempo os horroricéis).

Y ahora me despido con una canción de los 90, de un grupo al que se menciona en el libro. Robbie Williams y Let Me Entertain You.

 

 

Saludetes

 

Ártabro

 

P.S. Escucha recomendada: Paranoid Android de Radiohead

Categorías: Críticas · General · Personal

Canciones de entrada

8 Octubre, 2009 · 4 comentarios

Hola a todos:

 

Hoy voy a hablar de un tipo de canciones que es muy poco frecuente, que es distinto según la persona y que, sin embargo, tiene importantes consecuencias: las canciones de entrada. Me estoy refiriendo a esas canciones poco canciones con las que se descubre a un artista o grupo, de carrera ya bastante (o muy) dilatada y que, a la postre, te llevan a investigar más sobre el mismo hasta acabar convirtiéndote en un fan.

 

Lo más curioso de ellas es que muchas veces esta canción de entrada no es la mejor de dicho artista y es frecuente incluso que sea bastante flojita. Sin embargo, a veces porque es la canción que sacó en un nuevo disco y se le dio un mínimo eco por la fama pasada del músico, a veces por puro azar (escuchas una emisora de radio extraña y ponen el tema, te la enseña un amigo como curiosidad, surge en un anuncio de televisión, etc.), el caso es que te tropiezas con ella y adviertes un resplandor de belleza que te hace tratar de picar en esa veta en busca de una mina llena de tesoros.

 

Como dije, se suele dar con artistas o grupos con una larga carrera, a los que por edad no pudiste seguir cuando salieron, tuvieron grandes éxitos y luego su carrera siguió reptando por las partes menos iluminadas de las listas de ventas y las programaciones de las cadenas musicales. También son frecuentes cuando ese tema tiene un sonido algo diferente del que caracterizaba a ese músico, eso te sirve de gancho y descubres que es una ganzúa para abrir una ventana hacia horizontes inexplorados. Pero recordad, esas canciones tienen  esta otra característica: son canciones de entrada, no te quedas con ella, descubres otras muchas mejores y te maravillan. Al final, miras a la primera con cariño, porque te dio la posibilidad de conocer otras canciones y siempre tendrá un significado especial para ti. Sin embargo, cuando hables con otra gente de ese conjunto o artista, raramente la sacarás a colación, por una mezcla de pudor y deseo de conservarla para ti.

 

Como una canción vale más que mil partituras, os pongo un ejemplo de este tipo de canciones menores en la discografía de un artista pero que, en este caso para mí, me hizo conocer a un artista que me resulta ahora fundamental, Bob Dylan.

 

La canción es Man Gave Name To All The Animals. Está en su disco Slow Train Coming, según la crítica entre los trabajos más flojos de Dylan, en plena etapa cristiana y perdido entre sus cumbres de mediados de los 70 y su participación en el supermegahipergrupo The Traveling Wilburys. Se basa la canción en el poco conocido relato bíblico en el que Dios le mostraba al hombre todos los animales para que él les diera nombre. No es ni de lejos el mejor tema de Dylan, a pesar de su ritmo pseudoreggae, melodía con cierto gancho y un evocador final de la letra. Aún así, para mí es especial. La oí con muy poquitos años, supongo que al poco de salir y se me quedó en el subconsciente. Después de varios años, la volví a oír, me alegré de recuperarla y entonces ya me preocupé de saber de quién era y me dije que debía estar atento a este hombre. Y de ahí a profundizar en su obra y encantarme, fue todo uno.

 

 

¿Tenéis también vosotros canciones de entrada? Animaos y compartidlas.

 

Saludetes

 

Ártabro

 

P.S. Escucha recomendada: Blowing In The Wind de Bob Dylan

Categorías: Divagaciones · General · Personal

Discos expuestos me inspiran

1 Octubre, 2009 · Dejar un comentario

Hola a todos:

 

He estado examinando con un poco más de profundidad las fotografías que me he traído de Londres. Llevábamos dos cámaras, la mía réflex de carrete (estoy algo chapado a la antigua con eso, pero es que en blanco y negro aún lo digital ni se acerca a lo analógico) y la otra de mi hermano, digital compacta, con la que se hicieron literalmente cientos de fotos. Me daba una pereza terrible tratar de ver cuáles valían la pena y cuáles era mejor desechar, pero al final me puse y me encontré con una pequeña sorpresa. Una fotografía que me saqué a mí mismo aprovechando un espejo (una de mis debilidades) en una parte nueva del mercadillo de Camden Town. Al infierno el anonimato de mi apariencia física.

 

Candem Stables

Yo no soy muy partidario del mercadillo de Candem Town, creo que son más auténticos el de Brick Lane o el de Portobello Road, pero no pasa nada por acercarse por Candem, tempranito, antes de que llegue la avalancha de gente, a eso de mediodía. Eso sí, nada más salir del metro, me apresuro a cruzar la zona de las baratijas y basuras hiperturísticas (camisetas, cinturones, bisutería mala, etc.) que se agolpan a ambos lados de la calle antes de cruzar el canal. Una vez cruzado este, se empiezan a ver cosas algo mejores y hasta hay algún puesto de discos (vinilos) a los que echar una ojeada. Cuando tenga una vivienda fija y me compre un plato, dejaré de sólo mirar (salvo leves excepciones irresistibles) y pasaré a coleccionar algunas obras de arte sonoras que he visto.

 

Esta última vez, en la parte llamada Candem Market (cerrada con un muro) se habían producido novedades. Por fin las obras de ampliación del recinto estaban casi finiquitadas y se había abierto una inmensa nueva área (todavía no del todo ocupada por puestos) llamada Candem Stables. No trae grandes novedades, sólo que hay más sitio para acoger todavía más gente y que está hecho con bastante buen gusto, al poner distintas esculturas de caballos, herreros y trabajadores de un establo de época victoriana. Vale la pena el paseíto. El caso es que explorando estos nuevos recintos, vi la oportunidad de hacer una foto curiosa y este fue el resultado.

 

Sin embargo, al observarla ahora me he dado cuenta de que detrás de mí tenía un puesto de vinilos, en el que no reparé entonces. Y automáticamente me he planteado el reto de tratar de averiguar el nombre de los discos que están a la vista y poner canciones de esos discos en la bitácora. He tenido bastante suerte con 3 de ellos.

 

El que está más abajo, que parece un campo de flores rojas (creo que son claveles), es el que más me sonaba haber visto miles de veces, pero el nombre se me escapaba. Al final una oportuna ampliación de la foto, me permitió dislumbrar un par de letras y se me hizo la luz. No More Heroes, 1977, de The Stranglers. Un disco muy interesante y del que os pondré el tema más conocido, el que le daba nombre. Combinaba la rabia del punk con una sensibilidad por la melodía y una cierta profesionalidad con los instrumentos que los hacía muy especiales en ese año que cambió la música.

El que se ubica justo por encima, era el más sencillo. Debbie Harry es inconfundible y su disco, Eat Of The Beat, también. De 1979, fue el que vino a continuación del Parallel Lines y mantuvo muy buen nivel con temas como Atomic.

 

 

Y el que está arriba del todo, aunque no he podido encontrar el listado de canciones que contenía, no me supone ningún esfuerzo imaginármelo, puesto que es un Greatest Hits de Cat Stevens. Os pongo la canción que más me gusta de él, Father And Son, y que, estoy seguro, debe estar incluida. Por cierto, me parece increíble, pero creo que hasta hoy no había puesto nada de Cat Stevens. Imperdonable.

 

 

Me ha gustado el juego de descubrir los discos que en esos expositores me retaban a que supieran cuáles eran. Y, caramba, todavía hay uno que se me resiste. El segundo, con portada de una fotografía en blanco y negro y la banda, con pinta de ser de los 80, británicos y nuevos románticos, en pos de una luna o tocando ante ella. Si alguien supiera qué disco es, se lo agradecería mucho. Si no, no me quedará otra que volver a Londres a averiguarlo…

 

Saludetes

 

Ártabro

 

P.S. Escucha recomendada: Rock This Town de Stray Cats

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Let’s Proms?

29 Septiembre, 2009 · Dejar un comentario

Hola a todos:

El post de hoy es un poco extraño, porque voy a hablar sobre un fenómeno musical que me produce admiración y envidia por un lado y bastante rechazo por otro. Me refiero a los Proms.

 

En principio no habría ningún motivo para el reparo, puesto que se trata de una gran manifestación de música clásica, pero hay su porqué. El sábado de mi visita a Londres, tratando de huir desesperadamente del infierno de Oxford Street, busqué el alivio de Hyde Park. Además, quería regresar a un monumento muy curioso que hay en Park Lane dedicado a los animales que se emplean en las guerras. Pero al llegar a Speaker’s Corner, me di cuenta de que la multitud también inundaba el parque y muchos llevaban banderitas británicas de papel. Incluso cada pocos pasos te las ofrecían. Estaba intrigado y pensé que sólo podía ser algo político o algo musical (hay varios festivales en Hyde Park durante el verano). Al final fue lo segundo. Un programa que tomé de un repartidor me puso en aviso de que era de música clásica y sinceramente, me quedé alucinado. Miles de personas pagando para ver un espectaculo de música clásica. Cuando vi que se trataba de The Last Night Of The Proms empecé a unir piezas.

 

Había oído algo acerca de los Proms con anterioridad. Una serie de conciertos de música clásica que había en el Royal Albert Hall, pero que, en su última noche, hacían un guiño hacia música con más gancho popular. También, para popularizar el evento, desde hace unos años, se hacen conciertos en otros escenarios más o menos multitudinarios, como puede ser el de Hyde Park, de modo que hay una parte que es propia de cada recinto (generalmente de música más moderna) y después se conecta con el Royal Albert Hall y ven por las pantallas gigantes la parte con más enjundia del concierto.

 

No tenía tiempo para estar allí y preferí seguir con la visita a la ciudad, aunque pude oír a una banda de homenaje de The Rolling Stones interpretando versiones de los principales temas de dicha banda.

 

Cuando llegué al alojamiento esa noche, puse la radio un instante y todavía pude oír el final del concierto. Al día siguiente comprobé que no sólo se había retransmitido por la radio, sino que también por la televisión, siendo que incluso la principal cadena de la BBC le dedicó su prime-time. Todo eso me desbordaba. Comprendedlo, me parecía imposible que en España miles de personas pagasen por ir a ver un concierto de música clásica, al aire libre y a través de pantallas gigantes y que eso fuera retrasmitido por la principal cadena en horario de máxima audiencia. En España la música clásica se reserva a las mañanas del fin de semana en la cadena con menos audiencia y al 1 de enero.

 

Sin embargo, algo de truco hay, claro está. Porque, vale, es cierto que se trata de uno de los mayores festivales de música clásica de Europa y que es muy seguido en el resto del Continente. También es cierto que su objetivo desde el comienzo es popularizar la música clásica entre el público no especializado y que mucha gente hace cola para conseguir entradas. Pero también es cierto que mucha gente sólo lo conoce por la última noche (lo cual no es poco, hay que decir). Y muchos ingleses pagan por ir a ver ese concierto en grandes pantallas no sólo por cultura, sino que también juega  un papel esencial todo tipo de parafernalias y de tradiciones. Algunos asistentes (especialmente si van al Royal Albert Hall) se visten de forma estrafalaria, con algún elemento de época imperial o victoriana y está permitido comer y beber libremente durante el concierto. Además, la propia estructura del concierto es peculiar. La primera parte son piezas de música clásica populares, pero la segunda son temas “patrióticos”. De ahí las banderitas.

 

Sin embargo, a pesar de lo recién expuesto y del peso de la tradición, algunas cosas cambian. A medida que los Proms se hacen más grandes y comienzan a retransmitirse a otros países fuera de la Commonwealth el acento patriótico se está moderando. Algunos temas se están eliminando y cambiando por otros no relacionados con el patriotismo británico e incluso se invita a que durante estos, los asistentes de otros países ondeen también sus banderas en un gesto de fraternidad. No obstante, el sentimiento patriótico británico sigue siendo una pieza importante, sobre todo en los que no están en el Royal Albert Hall.

 

Así que ahí radica mi admiración y mi rechazo. Admiro que se celebre (por tradición o por cultura) dicho festival y que miles de personas quieran acudir a él. Admiro que se dé un papel a la música (clásica) tan importante en la sociedad como para concederle un prime-time. Pero la muestra de patriotismo me produce rechazo por una serie de razones: porque sé los males que el patriotismo puede producir, porque, en fin, los españoles fuimos un blanco habitual de ingleses y claro, que vengan ahora con lo guays que son… no mola y, por último, porque es un uso de la música con la que no me siento muy a gusto (la música es un lenguaje universal, de modo que reducirlo a que sea sólo válido para una parte de la humanidad no me gusta). Y sin embargo… en el fondo, también reconozco que envidio un poco el sentimiento de reconocimiento de compartir algo que provocan esos temas. Así que veo con un rayo de esperanza el hecho de ver banderas de otros países. Ojalá en el futuro existan temas que provoquen ese sentimiento de unidad entre todos la humanidad.

 

Siento el rollazo, pero sentía la necesidad de hablar de ello. ¿Qué opináis sobre el tema?

 

Os dejo con Jerusalem, una pieza ciertamente bonita.

 

 

Saludetes

 

Ártabro

 

P.S. Escucha recomendada: Oda a la alegría de Ludwig Van Beethoven

Categorías: Divagaciones · Personal