Hola a todos:
Estoy contento, llevaba bastante tiempo, meses, sin escuchar una canción que realmente me gustase a la primera escucha y me hiciera exclamar «¡Hey! Esto suena nuevo y excitante». Pero por fin y por casualidad, escuchando una cadena de radio extranjera mientras trabajaba, ocurrió. Me llamaba. Hube de minimizar mi documento de Word y buscar en el tracklisting de canciones que el programa tenía (era una emisión en diferido). Bingo, la encontré.
Gil Scott-Heron con el sencillo de lanzamiento de su nuevo disco, I’m New Here, llamado Me And The Devil. Una canción oscura, desasosegante, urbana y, si se me permite decirlo, con una vocación de banda sonora de una película tipo Constantine que tira para atrás. El vídeo confirma plenamente estas impresiones, con unas imágenes inquietantes y perturbadoras, que me recuerdan el final del vídeo I’m Afraid Of Americans de David Bowie (también en un Nueva York nocturno).
A Gil Scott-Heron lo tenía más o menos localizado por ser el autor de The Bottle, un tema que después versionaría con éxito Paul Weller, pero poco más sabía de él. Incluso me figuré que debía ser muy viejo y que tal vez ya estaba muerto, o, como mínimo, jubilado. De lo segundo no me equivocaba tanto porque su anterior trabajo data de los 90, por lo que se pasó los cerenta en blanco. Eso sí ¡Vaya vuelta! Hasta tal punto llegaba mi convencimiento de que esto me parecía irreal que pensé que se trataba de una especie de mash-up. Es decir, que habían tomado la voz de Scott-Heron de una grabación suya muy antigua (su voz suena a blues prehistórico) y le habían puesto el arreglo moderno, medio rap, medio electrónico, logrando una serendipia genial.
Pero no, es todo hecho ahora, lo que tampoco es tan ilógico, pues Gil no es tan viejo como creía. Tiene 60 años y su voz refleja dicha edad (e incluso más), pero para bien, sonando imponente y sabia, con las arrugas repletas de música y carácter. Cuando descubrí que Gil Scott-Heron había sido uno de los precursores del hip-hop en los 70, con algunos discos en los que él lanzaba soflamas políticas y sociales en forma de poemas rapeados, no me extrañó nada.
No obstante, hay un motivo para que su voz suene tan antigua. Este tema es una versión, irreconocible, eso sí, en la que únicamente se mantiene el estilo de cantar y la letra, de uno de los temas más conocidos de Robert Johnson, bluesero precursor del rock en los 30.
Es increíble cómo ha conseguido Scott-Heron actualizar la canción, trayéndola al siglo XXI con una prodigiosa vitalidad y respetando su espíritu.
Sí, sin duda una gran canción. La primera alegría del año. Y a fe mía que la estaba necesitando.
¿Creéis que la podremos oír en alguna radio comercial española? Mi opinión es que estas cosas permanecerán inauditas… hasta que la incluyan en la banda sonora de una película de las que decía antes y la gente la busque sin parar. Sirva, pues, esta humilde bitácora para alertar de su existencia por estos lares, antes incluso del lanzamiento del disco, y para que vosotros la oigáis. Existe otra versión de la canción, en la que se añade una interesante coda, en la que el cantante declama un poema sobre el mal, que nos ronda, nos acecha y contra el que hemos de luchar para salvar nuestra alma, todo esto sobre una base electrónica. Si la queréis oír, pinchad en este enlace.
Espero que os guste y saludetes.
Ártabro
P.S. Escucha recomendada: The Revolution Will Not Be Televised de Gil Scott-Heron