Exiled from CBGB

Primera gran alegría del año

9 Febrero, 2010 · Dejar un comentario

Hola a todos:

Estoy contento, llevaba bastante tiempo, meses, sin escuchar una canción que realmente me gustase a la primera escucha y me hiciera exclamar «¡Hey! Esto suena nuevo y excitante». Pero por fin y por casualidad, escuchando una cadena de radio extranjera mientras trabajaba, ocurrió. Me llamaba. Hube de minimizar mi documento de Word y buscar en el tracklisting de canciones que el programa tenía (era una emisión en diferido).  Bingo, la encontré.

Gil Scott-Heron con el sencillo de lanzamiento de su nuevo disco, I’m New Here, llamado Me And The Devil. Una canción oscura, desasosegante, urbana y, si se me permite decirlo, con una vocación de banda sonora de una película tipo Constantine que tira para atrás. El vídeo confirma plenamente estas impresiones, con unas imágenes inquietantes y perturbadoras, que me recuerdan el final del vídeo I’m Afraid Of Americans de David Bowie (también en un Nueva York nocturno).

A Gil Scott-Heron lo tenía más o menos localizado por ser el autor de The Bottle, un tema que después versionaría con éxito Paul Weller, pero poco más sabía de él. Incluso me figuré que debía ser muy viejo y que tal vez ya estaba muerto, o, como mínimo, jubilado. De lo segundo no me equivocaba tanto porque su anterior trabajo data de los 90, por lo que se pasó los cerenta en blanco. Eso sí ¡Vaya vuelta! Hasta tal punto llegaba mi convencimiento de que esto me parecía irreal que pensé que se trataba de una especie de mash-up. Es decir, que habían tomado la voz de Scott-Heron de una grabación suya muy antigua (su voz suena a blues prehistórico) y le habían puesto el arreglo moderno, medio rap, medio electrónico, logrando una serendipia genial.

Pero no, es todo hecho ahora, lo que tampoco es tan ilógico, pues Gil no es tan viejo como creía. Tiene 60 años y su voz refleja dicha edad (e incluso más), pero para bien, sonando imponente y sabia, con las arrugas repletas de música y carácter. Cuando descubrí que Gil Scott-Heron había sido uno de los precursores del hip-hop en los 70, con algunos discos en los que él lanzaba soflamas políticas y sociales en forma de poemas rapeados, no me extrañó nada.

No obstante, hay un motivo para que su voz suene tan antigua. Este tema es una versión, irreconocible, eso sí, en la que únicamente se mantiene el estilo de cantar y la letra, de uno de los temas más conocidos de Robert Johnson, bluesero precursor del rock en los 30.

Es increíble cómo ha conseguido Scott-Heron actualizar la canción, trayéndola al siglo XXI con una prodigiosa vitalidad y respetando su espíritu.

Sí, sin duda una gran canción. La primera alegría del año. Y a fe mía que la estaba necesitando.

¿Creéis que la podremos oír en alguna radio comercial española? Mi opinión es que estas cosas permanecerán inauditas… hasta que la incluyan en la banda sonora de una película de las que decía antes y la gente la busque sin parar. Sirva, pues, esta humilde bitácora para alertar de su existencia por estos lares, antes incluso del lanzamiento del disco, y para que vosotros la oigáis. Existe otra versión de la canción, en la que se añade una interesante coda, en la que el cantante declama un poema sobre el mal, que nos ronda, nos acecha y contra el que hemos de luchar para salvar nuestra alma, todo esto sobre una base electrónica. Si la queréis oír, pinchad en este enlace.

Espero que os guste y saludetes.

Ártabro

P.S. Escucha recomendada: The Revolution Will Not Be Televised de Gil Scott-Heron

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Música y Premios de cine (y II)

7 Febrero, 2010 · Dejar un comentario

Hola a todos:

Ayer terminé comentando que en una entrega de premios de cine, la música sirve para romper la monotonía de la presentación del premio, imágenes del trabajo de los candidatos, apertura del sobre, anuncio del ganador, escenas de emoción y discurso repleto de agradecimientos.

Pero he notado que existe una diferencia importante entre la ceremonia de los premios Goya y los Oscar. En los primeros la música ocupa una parte limitada de los intermedios entre premios, mientras que en los Oscar su presencia es mucho más notable. Se hacen números especiales en los que incluir una canción a la menor oportunidad. Incluso, casi en el colmo de la desfachatez, pergeñaron un número sobre la música que suena cuando el tiempo para discursos se ha acabado y comienza a sonar cada vez más alto con el fin de echar educadamente al ganador. La canción, llamada Get Off The Stage e interpretada por Jack Black y Will Ferrell no la puedo encastrar (la Academia es muy rigurosa en su vigilancia de que no haya vídeos por ahí circulando), pero os la puedo enlazar aquí.

Otra curiosidad y diferencia es que en España la música se suele tomar como un elemento serio en exceso, mientras que en los Oscar en ocasiones es el instrumento perfecto para introducir el elemento de humor, parodia y sarcasmo en una ceremonia, lo que hace que la ceremonia parezca más ligera y menos autocomplaciente. En España, por el contrario, apenas hay otra cosa que el chuparse las p*ll*s (perdonad mi vocabulario) mutuamente y el decirse los unos a los otros lo buenos que son. ¿Alguien ha visto alguna vez una película que cuente las miserias y entresijos tenebrosos de la industria del cine español? Pongo un ejemplo de autoparodia, esta vez con los Emmy, a cargo de Stewie y Brian Griffin, en el que se meten sin piedad con series como las telecomedias Scrubs, Dos hombres y medio o monumentos como Los Soprano.

  

Y es una pena que sea así, porque, además la música es mucho más “democrática” que el cine. Quiero decir, muchas veces el cine español se queja de que no puede competir contra el americano porque él dispone de muchos más medios económicos, efectos especiales de última generación, presupuestos astronómicos y aparatos de marketing y distribución poderosísimos. Por ello, enfatizan que las películas españolas, más pequeñas, se han de dedicar a historias más modestas, sí, pero también más profundas y cercanas. Paparruchas. El elemento más importante para hacer una buena película es talento. Vale, el dinero no es una cuestión baladí, ya que hay determinado tipo de películas que requieren un amplio despliegue de medios y, sin duda, el dinero puede dar apariencia de pasabilidad a un truño o, al menos, hacer que la gente al salir del cine diga que la película no estaba mal pero que las escenas de guerra/coches chocando/ explosiones/ etc. estaban muy bien. En lo que ya no coincido es en que las historias del cine español me sean más cercanas y más profundas.

Pero en fin, el caso es que para hacer un gran disco o una canción no se necesitan tantos medios y el talento cobra más relevancia. Así que adornar una ceremonia con una canción atractiva estaría al alcance de los Goya sin problema. Y lo digo porque muchos declaran que los Goya son una copia barata de los Oscar. Yo soy más cruel con mi juicio, afirmando que son una copia mala y cobarde. La prueba es que en años pasados, el montaje de inicio de la ceremonia de los Oscar tendió a ser un vídeo costosísimo (y muy gracioso) que ubicaba al presentador de la gala en algunos de los filmes más famosos, bien del año, bien de la historia. Recuerdo especialmente uno, en los Oscar del año 2000, en el que Billy Crystal recorre grandes clásicos y al final hace una divertida versión del Quintet de la banda sonora de West Side Story (memorable cuando canta «make this endless show, end tonight»). Hay un par de vídeos que lo muestran en Youtube, pero su calidad es infame. No, eso, no lo podíamos replicar aquí. Pero el año pasado, con la crisis, en los Oscar decidieron prescindir de grandes desembolsos de dinero. ¿Se resintió el resultado? Juzgad.

¿Podríamos hacer algo así en España (y quién lo podría hacer)? Desde luego, hasta ahora no se ha hecho. Y por dinero no será. ¿Por qué será entonces?

Sin embargo, como dije ayer, también hay escándalos musicales de la historia de los Oscar, demostrando que ellos pueden meter el remo hasta el fondo. Y nunca mejor dicho, porque el asunto Al otro lado del río debería ser un baldón para todos sus implicados (exceptuando al pobre Jorge Drexler, claro). A Antonio Banderas y a Santana se les debería caer la cara de vergüenza por acceder a suplantarle (y por su deplorable interpretación) y a los que dictaminaron que Jorge no era artista de mérito suficiente para interpretarla en vivo, como mínimo merecían el despido fulminante.

En desagravio y para no dejar mal sabor de boca… el original.

Saludetes

Ártabro

P.S. Escucha recomendada: Quintet de West Side Story

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Música y Premios de cine (I)

5 Febrero, 2010 · Dejar un comentario

Hola:

Esta semana se dieron a conocer las candidaturas definitivas a los Oscar y la semana que viene ya se entregan los Goya. Nos encontramos, por tanto, en la época del año en la que se acumulan las ceremonias de entrega de premios cinematográficos (Globos de Oro, BAFTA, José Mª Forqué, etc.). Por tanto, los dos próximos hilos estarán dedicados a reflexiones sobre el cine y a sus premios.

¿Y qué tiene que ver esto con la música? Bueno,  pues bastante. De hecho, en el tema de hoy me gustaría señalar la importancia creciente que se le da a la música en las películas (y en sus premios). Trataré de explicarme: La música siempre fue importante, pero hay una diferencia bastante evidente entre las grandes melodías de los filmes clásicos (tipo Lo que el viento se llevó) y lo que muchas películas están incorporando en tendencia creciente desde los años 80. Hasta más o menos esa época, lo que predominaba era que un especialista se encargara de realizar lo que se denominaba la banda sonora de la película, en general utilizando orquestas o formaciones parecidas. A todos se nos vienen a la mente nombres de grandes compositores como Henry ManciniEnnio Morricone. Ese tipo de bandas sonoras siguen existiendo y nombres como John Barry, John Williams, Howard Shore, James Horner, Gustavo Santaolalla o, incluso, Vangelis son dignos herederos de dicha tradición. Sin embargo, dichas bandas sonoras están cada vez más ligadas a filmes de ambiente histórico o épico. La gran novedad es que se está expandiendo la existencia de películas cuyas bandas sonoras son canciones de música popular contemporánea y no piezas orquestales. A todos se nos vienen a la cabeza nombres de películas cuya banda sonora era uno de sus puntos más destacados, pero, si nos fijamos, salvo que se trate de un musical, estas películas son bastante recientes. Creo que uno de los primeros ejemplos es Los amigos de Peter y luego, ya se pueden encontrar con facilidad casos como Reality Bites, El diario de Bridget Jones, Full Monty o 4 bodas y un funeral

El origen de esta tendencia quizás esté en algunas películas musicales de los años en la bisagra entre los años 70 y 80 que incluían, a diferencia de las anteriores, canciones de estilos claramente contemporáneos. Ahí estarían Grease, Fiebre del sábado noche, Footloose o la mencionada hace unos cuantos hilos, Fama. Dado el gran éxito que obtuvieron, es probable que debamos a estos filmes el origen del proceso. No tardaron apenas nada en aparecer bastantes películas juveniles, no musicales, que incluían algún tema, de un artista conocido por ellos, como un elemento accesorio pero importante. Me refiero a cintas como  Oficial y caballero o  El club de los 5 (The Breakfast Club). Pronto se generalizó la práctica y muchas películas de ambiente contemporáneo, no ya necesariamente juveniles, pasaron a tener temas musicales modernos como uno de sus ganchos comerciales (Top Gun, Armas de mujer, Ghost,…). De ahí a que una película tuviera no una sino MUCHAS canciones había sólo un paso, que se dio con bastante rapidez, dada la efectividad económica que reveló la práctica.

Tal vez, sin embargo, algunos de los ejemplos más notables de uso de música popular moderna a raudales en películas, sean las de películas que, con este recurso, ayudan a situarnos en décadas pasadas. La música tiene un gran poder de evocación y dado que suele traer recuerdos agradables, es una baza importante para lograr que al público le guste la película. Así, estarían los ejemplos de Forrest Gump, Billy Elliot o, en el caso extremo de película en la que la banda sonora fue mucho más pensada que el argumento, The Boat That Rocked (Radio Encubierta). En este sentido, American Graffiti de George Lucas fue realmente pionera.

Evidentemente, todo lo que he dicho no son más que grandes líneas. Hay ejemplos de películas de los 60 con canciones modernas (Easy Rider) y cineastas que no ponen música moderna en sus películas (Woody Allen), pero creo que, en general, no he desbarrado mucho en mi teorilla sobre la evolución de la música en las películas.

En todo caso, la cuestión importante es que cada vez estamos más acostumbrados a ver a artistas de música popular colaborar con canciones con la banda sonora de películas. Ambos salen ganando, se trata de una relación simbiótica, pues el artista se beneficia si la película triunfa y la película cuenta con un gancho para atraer a fans de ese músico.

Y lo mismo se puede decir de las ceremonias de premios. Ante la perspectiva de que le concedan un premio, el artista suele estar dispuesto a interpretar el tema en directo durante el acto y su interpretación atrae a espectadores, además de servir para aligerar un poco el siempre bastante tedioso proceso de entrega de estatuillas. Por eso, este premio, antes bastante menor, ahora es uno de los interesantes de las ceremonias.

Sólo una nota más, ya situándonos en España. Cuando se crearon los Goya, no había ninguna categoría a mejor canción (¿otra muestra de la diferencia de importancia de la música entre España y otros países?). Sin embargo, esta tendencia al mayor peso de las canciones en el cine, terminó por llegar aquí. Y así, al fin, en la XVª edición, con el nuevo milenio, se creó esta categoría (en los Oscar existe desde 1934). Más vale tarde que nunca.

Os dejo con dos canciones. La primera, un gran error en los Oscar, cuando, en 1999, decidieron darle el Oscar a… (buscadlo y tratad de no llorar) en vez de a Aimee Mann con su Save Me.

Y el otro, probablemente, el artista más famoso de los premiados con el Goya a la mejor canción. Manu Chao con su Me llaman calle.

Saludetes

Ártabro

P.S. Escucha recomendada: Let The River Run de Carly Simon

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Coherencia

2 Febrero, 2010 · Dejar un comentario

Hola a todos:

Sé que se han entregado los Grammy, pero, parafraseando a un premio Nobel, es un premio «suficientemente cubierto de m**rd*» como para prestarle una atención apresurada. Si en los próximos días observo algo interesante, tal vez comentaré algo, pero lo veo poco probable.

E igualmente ve poco probable Peter Gabriel reunirse con sus ex-compañeros de Genesis para la ceremonia de entrada del grupo en el Rock’n'Roll Hall Of Fame. Todavía no ha descartado que vaya, pero sí que vaya a cantar. Tampoco ve muy plausible que toque con ellos en algún concierto y tal vez la única opción es que colaboren sea en la grabación de un disco para una película. Pero como esta posibilidad parece limitarse a proyectos que musicalmente son acordes a los tiempos en los que él era el líder del grupo, no cabe pensar que el segundo líder de la banda se anime a participar en dichos trabajos.

Y, a decir verdad, me parece muy bien la decisión de Peter Gabriel. Sé que chafará uno de los anhelos húmedos de los que los escogieron para introducirles en dicho museo, pero es que ya empieza a oler el tema. El Rock’n'Roll Hall Of Fame tiene una tendencia creciente en convertirse en una especie de Diario de…, programa de esos en los que a un invitado le presentan a alguien que no se esperaba. El morbo, evidentemente, es ver su reacción. Si se llevan más o menos bien, se transforma la reunión en una copia musical de Tengo una carta para ti, con reencuentros emotivos, lagrimita por hallarse de nuevo juntos (como si no tuvieran dinero para hacerlo cuando quisieran) y tocar un par de temas. Si acabaron medio a tortas o no se hablaban mucho, miel sobre hojuelas, porque los programas tipo Laura, con mujeres zurrando a maridos golfos pillados siempre por una cámara oculta, venden mucho más. Es decir, los administradores del museo también ganan una gran repercusion mediática si reúnen a un grupo que se lleva mal, se intercambian sonrisas congeladas y miradas esquivas y tira cada uno por su lado nada más acabar la ceremonia. Este año, por si fuera poco, para asegurarse la atención de los medios, también han seleccionado para su inclusión a ABBA (gracias por el comentario, Frances, ya viste que te puse que fue sólo casualidad que estuviera en aquella página), otro grupo que provoca interés malsano en su reunión. 

Así que mucho mejor no rebajarse a dar pábulo al morbo. Además, dado que para entrar en el museo deben haber pasado al menos 25 años desde el lanzamiento del primer disco del artista o grupo, a Genesis ya hacía muchos años que le hubiese tocado por fecha (otra cosa es que considere que hay otros muchos grupos que se lo merecen antes que este y que no están), lo que fomenta mis sospechas de elección interesada. Y, si contamos con la época del grupo por la que estarían entrando (gente como AC/DC, David Bowie o Paul McCartney entró a los 25 años de la publicación de un gran álbum en específico y no del primero que lanzaron), estaríamos hablando de mediados de los 80, en plena era Phil Collins, e incluso me atrevo a decir que coincide con la edición de su aborrecible disco en solitario No Jacket Required (¡Grammy del 85!), con temas como One More Night (el narcótico perfecto) o Sussudio (la contraseña para despertar el psicópata en mí). Brrrr… ¡qué miedo! ¡Y qué lógico que Gabriel pase!

Porque, al igual que con otros grupos como Jefferson Airplane o Fleetwood Mac, hay etapas muy marcadas en Genesis y casi resulta imposible no considerar que hablamos de bandas diferentes según dichas etapas. Claro que, a diferencia de Fleetwood Mac, mientras que una me produce un cierto interés (sin exagerar tampoco), de la otra me resulta muy difícil sacar aquí y allá algo que no sea demasiado convencional. Sin embargo, hay que reconocerlo, hay muchísima más gente que recuerda Genesis por cosas como Land Of Confusion (cosa que aún puedo disfrutar), I Can’t Dance (la intrascendencia en persona) o Invisible Touch (que suena exactamente igual al disco en solitario que por esas fechas Collins sacó, razón por la que la mayoría de los temas que pensáis que son de Genesis lo son en realidad de Collins en solitario), que por temas como Carpet Crawlers, de la etapa de rock progresivo con Gabriel. Que eran  temas pretenciosos, tal vez. Superados, probablemente. Pero tambien más currados y algo más arriesgados.

 

Si os gustó, hay más en los álbumes Selling England By The Pound y The Lamb Lies Down On Broadway, de la primera mitad de los 70.

En definitiva, bien por la coherencia de Gabriel de no ir a un evento que, al final, sería por el lucimiento del disneyano Collins.

Saludetes a todos

Ártabro

P.S. Escucha recomendada: Firth Of Fifth de Genesis

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Thumbs Up In The Air

24 Enero, 2010 · 2 comentarios

Hola a  todos:

Este post va a ser mucho más corto que los anteriores y el último hasta final de mes, me presumo, porque me tomo un pequeño descanso con los días de vacaciones que me restaban de 2009 (si no, los perdía).

Y voy a hablar de una película que os recomiendo encarecidamente. Se trata de Up In The Air. Ya el nombre del director es una garantía, Jason Reitman, que antes había realizado Gracias por fumar y Juno, pero en esta ocasión el guión me pareció especialmente redondo, inteligente, mezcla nada forzada de comedia, drama, denuncia social y romanticismo y con unos personajes complejos y deliciosos, a los que el trío protagonista dota de verosimilitud y encanto. De la lista de guapos oficiales del cine, la verdad es que sólo en el caso de George Clooney comprendo los motivos de su fama. Actúa muy bien, tiene una mirada magnética y cálida y en esta película nos da una interpretación excelente en un papel complicado y donde sí, está muy guapo. Bien es verdad que a ello contribuyó que lo escoltaran otras dos grandes actuaciones, por parte de Vera Farmiga y Anna Kendirch. Tal vez lo único que flojea un poco es el final de la cinta, pero puede estar motivado a que no es el que esperábamos, lo que, en realidad, está bien, pues es congruente con la sociedad actual y con los personajes y además, está bien que rompan nuestras expectativas. No vamos a dejar que nos cuenten el mismo cuento una y otra vez.

Ésta es una bitácora de música y la banda sonora de la película se merece un detalle. Reitman ya me había sorprendido en Gracias por fumar, con su buena selección de canciones y de temas creados para la película. Y aquí logra el gran mérito de atornillarte a la butaca con el inicio precioso. No diré nada sobre las imágenes, de belleza… estratosférica, sólo comentaré que suena una versión portentosa de This Land Is Your Land (del gran Woody Guthrie) en la voz de la nunca bien ponderada (y de la cual hablé hace un año) Sharon Jones & The Dap-Kings.(esta banda, por cierto, es la que acompañó a Amy Winehouse en la mayoría de canciones de su Back To Black). Sharon tiene una voz privilegiada, y ella y The Dap-Kings son abanderados de revivir el soul clásico, con métodos, instrumentos, técnicas y esquemas clásicos, pero pensando en el siglo XXI, logrando dar sopa con honda a tanta mamarracha que sólo sabe menear sus caderas y poner morritos en el vídeo musical. Sería imperdonable que os perdieráis este tema. Lo podéis encontrar en su disco de 2005, Naturally. No hay vídeo oficial de la canción, pero sí lo hay con la caratula de la banda sonora del film.

Nada más. Nos vemos en una semana. Bueno… espera, os dejo con el tema cantado en vivo en una tienda de discos, ved su fuerza y la de la banda que la acompaña.

Saludetes

Ártabro

P.S. Escucha recomendada: 100 Days, 100 Nights de Sharon Jones & The Dap-Kings

Pero

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