Hola a todos:
Hace unos días lancé una profecía contra los pesaditos de los Jonas Brothers y dije que todavía tenía que dedicarles un post en el que explicase el peligro que representaban para la cultura musical. Después me he estado preguntando si no habría hablado ya antes del tema, porque me sonaba mucho. Realicé varias búsquedas en el archivo de la bitácora y nada, al parecer son imaginaciones mías. Será que a los amigos les habré dado la tabarra sobre el tema. Eso sí, si al final resulta que me estoy repitiendo, lo siento. Son tantos los hilos que alguna vez tenía que ser.
Para mí los Jonas Brothers y Hannah Montana son muy peligrosos porque rompen una barrera que hasta hace poco era muy importante: la que separa la música para los niños de la música para adolescentes. Como buen representante de la generación de mediados de los 70, crecí en una época bastante afortunada. De niño había grupos para niños, como Parchís o Nins, después, La Bola de Cristal me dejó un poso que se reveló indeleble, una magnífica base para, a partir de ella, y poco a poco, confeccionar mi propio criterio musical. Esto no hubiera sido posible 20 años antes, donde como mucho había niños cantarines, que generalmente acababan mal (incluso disparando tiros en la selva angoleña o hablando de lo bien que te deja la piel una crema cosmética cuando llevas veinte años trabajando uno de cada tres o cuatro años). Los grupos infantiles eran deleznables, es verdad, pero servían para que los niños se iniciaran en el mundo de la música, estaba hecha por niños y hablaba de sus temas. Sin embargo, existía una barrera clara entre dichos grupos y los adultos. En primer lugar, iban dirigidos a los niños y los trataban como niños. Los adolescentes no podían sentirse atraídos por dicha música. Por otro lado, la música no trataba temas amorosos (salvo muy tangencialmente o de modo muy naïf) y se centraba en amistad, travesuras, pasarlo bien y ecologismo. Y por último, el estilo musical era diferente, chicle-pop y los integrantes no tocaban instrumentos.
En la actualidad, ese tipo de música ha desaparecido. Eso sería muy bueno, si no fuera porque lo que lo ha sustituido es mucho más peligroso. Grupos de adolescentes, que, aunque digan que van dirigidos a gente de su edad, en realidad los niños son sus mayores fans. ¿Qué niña no se conoce todas las canciones de Hannah Montana? ¿Qué niño de 10 años no conoce los nombres de los hermanos Jonas? La infancia está volviendo a desaparecer. Hace 50 años los niños no podían ser niños, habían de ser adultos, sus padres necesitaba que colaboraran en las tareas del campo, del trabajo en la casa, etc. Apenas había productos dirigidos a ellos. Luego, durante un plazo de tiempo muy corto (20-30 años), existió la infancia, con productos específicos para ellos, existía una infancia distinguida de la adolescencia y, por supuesto, de la vida de los adultos. Pero, claro, un niño desde el punto de vista del marketing consume menos tipos de productos que un adolescente. Así que en los últimos años estamos asistiendo a la depredación de los años de la infancia por parte de la adolescencia. La televisión en el cuarto, los móviles, la ropa en plan malote o put*ll*,… cada vez aparecen antes en la vida de los niños. Y la música encaja dentro de ese proceso.
Lo malo, sin embargo, es que, a diferencia de antes, existe un carril de música hipercomercial y de calidad deplorable que lleva desde la más tierna infancia hasta la edad de adulto. Antes, sí, había música igual de potosa para todas las edades, pero no estaba integrada. Cuando dejabas de ser niño (alrededor de los 13 años) y buscabas nueva música, había de todo, pero no había una vía clara que te llevase de las bandas para niños a las de jóvenes, de modo que podías y debías forjarte una identidad musical nueva, porque lo oído de niño no servía para esas edades. Ahora, con estos grupos diseñados al milímetro, con su marketing, programas de televisión, merchandising, etc. te pueden llevar desde los 6 o 7 años hasta la mayoría de edad, oyendo eso de forma exclusiva (tienen tantos productos y noticias a su alrededor que no te queda sitio para otros). Y ahí sí que ya la hemos fastidiado, porque si has pasado toda esa etapa de tu vida escuchando esa música prefabricada, pop inane y guay, sin rastro de autenticidad y de sano inconformismo, luego es muy difícil que te guste otra cosa.
Casi lo peor es la tremenda crueldad que supone que hagan creer a los niños que ellos pueden ser como sus ídolos. Una niña-joven que es una chica normal que sin embargo tiene como personalidad secreta ser una megaestrella de la música. Nunca, evidentemente, enfatizarán a los seguidores que Hannah Montana es hija de un músico archiconocido Billy Ray Cirus, de modo que de chica normal nada de nada, no es ejemplo en el que se puedan ver sus seguidoras para lograr lo mismo que ella. Y los hermanos Jonas han casi dirigidos desde que eran bebés a ser lo que son por unos padres muy hábiles. Vamos, igual que cualquiera de los que han ido a sus conciertos.
The Beatles, fijaos, fueron como los Jonas Brothers de los 60 (gustaban a los niños, melodías fáciles e inocentes, gigantesco fenómeno fan con muchos productos creados a su alrededor, estaban siempre en los medios), pero se rebelaron y evolucionaron con mucha rapidez de modo que en vez de crear una generación de chicos de gustos estrechos, lo que hicieron fue contribuir a descubrirles decenas de otros mundos y sonidos, iniciando una revolución juvenil que duró mucho tiempo y trajo excelente música. ¿Alguien cree que eso pasará con estos grupos?
No permitáis que los niños sólo escuchen esos grupos (impedirles que lo hagan es imposible), abridles los oídos a otras muchas músicas. No le sigáis el juego a Disney, a la industria musical. Dejemos que los niños sean niños y formémoslos para que sean personas y no consumidores.
Perdón por el mitín, pero en serio creo que los hermanitos y la montaña son un inmenso peligro para la cultura y el buen gusto a medio-largo plazo.
Os dejo con Are You Experienced? de Jimi Hendrix.
Saludetes
Ártabro
P.S. Escucha recomendada: Norwegian Wood de The Beatles